La colección Clouds nace del impulso de retener aquello que siempre se escapa: el cielo como memoria suspendida. 
Si antes la mirada recorría geografías, aquí se detiene en lo íntimo, en ese fragmento de cielo que asociamos a un instante, a una persona, a lo que fuimos.
Las obras buscan fijar lo inasible, convertir en presencia aquello que solo existe en el recuerdo. El brillo de los materiales no solo refleja la luz, sino también al espectador, que al acercarse se integra en la pieza y completa su sentido. Así, el cielo deja de ser distancia para volverse encuentro.
Los colores fluyen sin fronteras, como lo hacen el tiempo y la emoción: un tono nace dentro de otro, una sensación se transforma en memoria.

Clouds habla de ese deseo humano de hacer propio lo efímero, 
de encontrar en el cielo un lugar al que siempre podamos regresar.